Monday, June 20, 2016

El Dios de las Cosas Pequeñas

Pixabay, Public Domain
"El Señor le ordenó: —Sal y preséntate ante mí el la montaña, porque estoy a punto de pasar de allí. Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba el el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: —¿Qué haces aquí, Elías?" —1 Reyes 19: 11, 12, 13b NVI. 

Elías entró corriendo al escenario de la historia: el profeta del gran espectáculo, el gran gesto, el evento al final de todos los eventos. Todo lo que le sucede a Elías  es GRANDE. Él dice que no lloverá; no llueve. Él necesita comida; Dios manda cuervos con carne en sus picos. Una mujer hambrienta recibe milagrosamente harina para alimentarse ella y su profeta. El hijo de ella está enfermo: Elías lo levanta de la muerte. Elías confronta un rey y una reina malvados y cuatrocientos profetas paganos y sale de allí sin ser atacado.

Pero entonces, Elías queda sin "combustible" espiritual, físico y emocional. Después de todo, él es solamente un ser humano. Débil, desanimado, huye de su responsibilidad y de sus enemigos.

Está acostumbrado a las GRANDES respuestas de Dios. En el desierto, él descubre que el Dios de las grandes cosas es el amo de las cosas pequeñas.

Cuando es mejor una pequeña respuesta, Dios no manda una grande. Él susurra cuando un toque de trompeta no es necesario. Elías había conocido el Dios con la gran voz y la mano poderosa. En su momento de desesperación, conoció al Dios con la pequeña, pero igualmente poderosa voz.

Suavemente Dios pregunta: "¿Qué estás haciendo aquí?". En nuestros momentos de duda y temor y de abrumadora debilidad, Dios nos hace la misma pregunta. Tal vez no conozcamos la respuesta, pero lo importante es reconocer que Dios está ahí con nosotoros, y que todo está bien.

(Diseño Divino para la Vida Diaria)


Thursday, December 31, 2015

Suficiente


Escrito por Paul David Tripp in "Guerra de Palabras"

Un profeta del Antiguo Testamento (Habacuc) miró a su alrededor al pueblo de Dios y dijo: “Dios, no entiendo lo que está pasando aquí. Te paraste y permitiste que tu pueblo sea muy malo. ¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces algo respecto al pecado de tu pueblo?” Dios respondió: “Sí haré algo. Enviaré desde el norte una nación malvada y violenta para que arrase a mi pueblo”.

¡El profeta no podía creer lo que estaba escuchando! Cuando él le pidió a Dios que hiciera algo, estaba pensando en un avivamiento – ¡el juicio no estaba en su catálogo! Entonces, protestó: “Dios, ¿cómo puedes hacer esto? ¿Cómo puedes usar a una nación más malvada que nosotros para juzgarnos? ¡Para mí esto no tiene sentido!” El profeta debatía con Dios y, en medio del debate, Dios le revelaba su poder y gloria. Habacuc concluye su libro con estas palabras preciosas:

Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas.” (Habacuc 3:17-19).

El profeta ha descrito el daño total de una cultura agrícola. Ya no queda nada – ni plantas, árboles o animales. No hay pan físico. En medio de todo esto, Habacuc dice: “Señor, aunque todo se ha ido, de todas maneras me regocijo porque tú, mi Salvador y mi Señor, mi Vida y mi Fortaleza, aún estas aquí.

Si tu sueño colapsara, si no quedara nada, ¿te levantarías en medio de tus lágrimas y dirías: “Estoy lleno de gozo porque el Señor es mi señor, el Señor es mi vida, el Señor es mi fortaleza, y gloriosamente, en medio de toda esta pérdida y destrucción, le tengo a Él?" Puedes perseguir tu sueño, o puedes perseguir el sueño del Señor para ti. Puedes pedirle que te forje a su imagen, para que cada vez más tu vida y tus palabras le traigan alabanza. O puedes desear que Cristo se adapte al ámbito y enfoque de tu sueño. ¿El sueño de quién estás buscando?

Que Dios nos ayude a ser personas que ven la señal detrás del milagro, que ven las bendiciones terrenales y dicen: “Estas bendiciones me apuntan a la realidad más profunda y plena de Cristo en mi vida. Aquello por lo que tengo hambre y para lo que quiero que sea mi vida es el compañerismo, amor y obediencia a mi Señor Jesucristo”. Mi oración es que tanto tú como yo seamos gente que siga a Jesús aun cuando no haya más cosecha, más animales, ni más pan. Mi oración es que seamos gente que se levante en la mañana y diga: “¡Estoy lleno de gozo! Soy un hijo del Rey. Él es mi vida y lo seguiré por fe”.